
Yo soy dueña de mi burbuja y como tal decido quien sí y quien no puede estar dentro de ella. En ella podemos estar mi coche y yo si voy conduciendo en el por un callejón estrecho sintiéndome perfectamente capaz de pasar por él sin tener que ir mirando constantemente por los espejos retrovisores, o en esa flexible burbuja de mi propiedad pueden caber 40 personas componentes del coro en el que canto cuando estamos encima de un escenario.
Si un día me levanto algo solitaria y reflexiva, sin ganas de juerga, mi burbuja me acompañará rozándome la piel. Si la gente que me conoce bien, ve que tengo un día así, me dirá…¡Lidia estás en tu burbuja!
Y puede ser el caso, de que alguien te esté invadiendo tu espacio personal, acercándose más de la cuenta…sabes a lo que me refiero…ese momento en el que hablas con una persona con la que no tienes apenas confianza, pero que por misterios de la vida, o por desconocimiento mío, se acerca demasiado hacia tí, en esos momentos, parece que vas a sufrir una hiperextensión de cuello hacia atrás intentando huir de tu cazador sin que este se entere, y sin embargo por mucho que se te acerque no está dentro de tu burbuja, por muy cerca que esté de tu piel…tu burbuja tiene reservado el derecho de admisión.
Comentarios recientes